Allá, detrás de los murmullos y pensamientos, entre la mente y los ojos, uno se queda sentado, perdido, sentado, perdido, perdido, soñando. ¡Oye!
Despiertas y después...
Un millón de letras sin nombre, un millón de historias sin tiempo y un montón de cuentos perdidos.
Despiertas y después...
Un millón de letras sin nombre, un millón de historias sin tiempo y un montón de cuentos perdidos.
